Descenso de cañones, un dia inolvidable
Buenas noches queridos lectores, lo primero quiero disculparme por la dejaded que he tenido ultimamente, pero creedme, por unas cosas y otras, no he tenido tiempo para relatar nada.
Hoy ha sido un dia de esos que te cuesta olvidar facilmente, y creedme que lo será, llevaba algo asi como dos meses intentando organizar con mis compañeros de trabajo, una salida para hacer descenso de cañones, al final, despues de mirar el calendario, e intentar cuadrar los dias, por fin, hoy ha sido el gran dia.
A eso de las 8:00 de la mañana, he quedado con el tio Adri y Felipe para dirijirnos a las instalaciones de CuencAventura, despues de un pesado viaje detras de camiones de obras, estan terminando la autovia A- 40 que une Cuenca con la A-3, llegamos 10 minutos mas tarde de la hora acordada, pero no eramos los unicos, ya que el otro grupo de chavales que venian con nosotros, se habian perdido.
Una vez pagado nuestras deudas con Enrique, que asi se llama el dueño de esta empresa de turismo activo, nos presentamos al monitor, por cierto, una excelente persona. Nos reparte los trajes de neopreno y toda la parafernalia que esta actividad acuatica conlleva. Despues de ataviarnos los engorrosos trajes, que nos lleva mas de 15 minutos, montamos en las maltrechas furgonetas para dirijirnos al desfiladero donde esta situado el parking.
Una vez aqui nos toca hacer una aproximación de unos diez minutos entre angostos y oscuros tuneles, no aptos para personas con un cierto grado de panico a la oscuridad. Terminada esta primera fase, llegamos al final, ahora toca bajar al rio, cosa no muy facil, debido a la precariedad del firme.
Ya en el agua, la sensación es, ¡que os puedo decir!, te entran unos escalofrios a medida que vas entrando al agua, que… os podeis imaginar, pero despues de estar un rato, podemos comprobar en nuestros cuerpos, lo que nos relataba el monitor, que con el tiempo, el agua que esta retenida entre el neopreno y nuestra piel, se calienta. Cuesta creerlo, pero es completamente cierto.
El principio del barranco es una toma de contacto, pequeños rápidos y algún saltillo de poca monta. Más adelante la cosa cambia, se empieza a oir el rugido del agua, y se intuye que esto empieza a tomar otro matiz.
Para empezar tres toboganes seguidos, una lavadora, como ellos denominan, y que te tiene engullido como unos tres interminables segundos debajo del agua, hasta que consigues salir de esta. No hay peligro, pero ese tiempo se hace eterno; después lo más divertido, salimos del agua, hacemos una pequeña trepada y… 9 metros más abajo el agua, toca saltar, los mas atrevidos no dudan en saltar, los otros optan por usar eso de 1,2,3,4,5….Voyyyy!!!!!! los demás ,¡¡¡venga macho que es para hoy… !!!, ya sabeis, al final todos saltamos, de aqui al final mas de lo mismo.
Llegando al final, el monitor nos tiene preparados una sorpresilla. Todo el mundo a trepar de nuevo a una mole que habia a nuestra derecha, nos miramos todos con cara rara, le seguimos, una vez arriba nos comenta que nos quedemos quietos, él se coloca entre un arbol y el borde del abismo, nos dice que sin mirar lo que habia abajo, de uno en uno cojamos carrerilla para salir corriendo hacia el final y saltar.
Como imaginais, la gente tenía muchos reparos. Al final, accedemos el reto propuesto, os puedo asegurar que saltar al vacio sin saber lo que hay abajo , da miedo, pero mucho miedo, aunque como todo, le cogemos el gustillo y repetimos todos.
Ya sólo queda contemplar las últimas imágenes del cañón. La aventura llega a su fin, en total casi dos horas de plena euforia, lástima que estas cosas duren tan poco.
Salimos del agua, y de nuevo, toca pasar por los tuneles que se hacen algo menos interminables. Ya en las naves de CuencAventura nos desenfundamos de nuestros trajes de guerra, que no veas que mal se quitan.
Nos despedimos de la gente , y…¡hasta otra chavales!.
Los tres mosqueteros nos miramos, y sin mediar palabra, nos montamos en el coche en busca de un buen mesón para recuperar las fuerzas y meter algo caliente al cuerpo.








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